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Si sabemos que es el mal… ¿Por qué seguimos usando Facebook?

Si sabemos que es el mal... ¿Por qué seguimos usando Facebook?

A pesar de los numerosos escándalos y noticias que alertan de que empresas como Facebook y Google trapichean con nuestros datos, siguen siendo los dos servicios de Internet con más usuarios… ¿Por qué sucede esto?

La respuesta más recurrente es la más facilona… Porque son gratuitos o porque no le damos tanta importancia a la privacidad. Sin embargo no creo que sea solo por motivos económicos o por dejadez. También hay motivos sociales que nos empujan al uso generalizado de Facebook, Whatsapp, Gmail, Instagram etc.

Aunque la teoría dice que en un mercado con un sinfín de opciones, como el que hay en Internet, el usuario puede evaluar y elegir el producto que más le convenga, lo cierto es que esto no suele suceder. Vemos que en todas las actividades muchos usuarios nos concentramos en muy pocas plataformas.

Esto se debe a lo que se denominan externalidades de red. Cuando un producto tiene muchos consumidores ofrece más ventajas. En los coches, por ejemplo, es más fácil encontrar repuestos o vender en el mercado de segunda un modelo conocido. En una marca de ropa encontramos un beneficio social como el reconocimiento o la distinción. En una red social es todavía más crítico: si están todos nuestros amigos, cambiar de plataforma implica un aislamiento. La temida desconexión.

Así es como todo se complica. Si todo el mundo se sentase a debatir cómo sería la mejor red social, probablemente no la diseñaríamos como Facebook y no se serviría de nuestros datos para construir el modelo de negocio. Sin embargo, al sumarse una multitud de decisiones individuales, se da una suerte de tiranía de los débiles. La opción que menos trastorno o cambios genera, es la ganadora. Y ahí seguimos.

Teniendo esto en cuenta, creo que hay que empezar a asumir varias cosas que resumo en 5 conclusiones.

  1. Es necesario regular la actividad de las empresas tecnológicas para que no nos conviertan en prisioneros una vez alcanzan el éxito. Son estructuras que tienden al monopolio. Pasa en con las redes, con los buscadores, con el alquiler vacacional, etc.
  2. Pensar que las empresas se impondrán a sí mismas limitaciones éticas porque pueden perder a los usuarios es un razonamiento muy inocente. Más cuando en las lógicas empresariales prima el beneficio a corto plazo. Cada trimestre tiene que ser mejor que el anterior.
  3. Tampoco se puede dejar en manos del usuario el control de las plataformas. No tenemos ni el tiempo, ni los conocimientos necesarios para analizar qué usos hacen las empresas de nuestros datos. Los botones de aceptación no sirven como instrumento de control o limitación.
  4. Hay que insistir en los beneficios del software libre. Wikipedia, WordPress o Firefox nunca salen en las secciones de economía, pero demuestran la capacidad de liderazgo a largo plazo de iniciativas mucho más responsables.
  5. Por otra parte tampoco hay que caer en el pensamiento extremo contrario. Las cosas también cambian. La gente no se va de la plataforma hasta que, de repente, lo hace todo el mundo. Facebook está dando signos de agotamiento evidentes. Se da la paradoja de que genera más beneficio con menos usuarios realmente activos.

En definitiva se dan muchos factores que hace que los usuarios todavía sigan en Facebook y, aunque nos vayamos de esa red, tanto WhatsApp como Instagram también son propiedad de la empresa de Zuckerberg (y si aparece una nueva red, la comprará).

Al llegar a estas situaciones, los usuarios no tenemos capacidad de control sobre estas plataformas. De ahí que sea fundamental la regulación. La democracia consiste en eso: si no nos gusta que se viole nuestra privacidad, necesitamos leyes.

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